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Opinión Julio Castillo: Enfermedad senil del comunismo

Jorge I Jiménez Flores Por Jorge I Jiménez Flores
10 de agosto de 2026
Publicado En Conexión Opinión
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Opinión Julio Castillo: Enfermedad senil del comunismo
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Por Julio Castillo Sagarzazu

Las lamentables declaraciones del exalcalde de Caracas, sobre María Corina Machado, ponen de manifiesto varios fenómenos importantes que están gravitando sobre la política venezolana. Su caso particular, en el que no nos detendremos, revela como los residuos de una ideología totalitaria y castradora, siguen produciendo síntomas, como los de las enfermedades crónicas que no se curan nunca.

 

Hay otros, como las de los prejuicios ideológicos; los de los resentimientos políticos y sociales; los de las patologías como la misoginia; la de la defensa de intereses particulares que, no son menos relevantes, pero que serían imposibles de analizar en una sola nota.

 

Tratemos de centrarnos en uno que nos parece de especial relevancia: La unidad.

 

Veamos: la unidad es una palabra que tiene, en la política, un rango casi sacramental. Es una de esas palabras con las que no se puede pelear en el centro del ring porque te noquean.
En estricto sentido, todos quienes adversan un gobierno, una iniciativa o una idea, hacen de la unidad para enfrentarlas, una tesis de su acción política. Ahora bien, ¿son sinceros estos llamados a conformarla? Probablemente, sí. Lo que ocurre es que cada jefe de partido, tendencia u organización, aspira que esa unidad se concrete bajo su liderazgo.

 

Los venezolanos tenemos un caso que revoloteará en nuestras conciencias toda la vida: la entrega de Miranda a las fuerzas españolas por parte de Simón Bolívar. Misma causa, mismo ejército, mismos compañeros, distinto liderazgo.

Eso nos lleva directamente al planteamiento de si la unidad es producto inevitable de que se tengan las mismas ideas, los mismos propósitos, los mismos objetivos o, es una realidad que se construye dependiendo de los liderazgos que se tengan en un momento determinado.

Pareciera que la respuesta va por la segunda de las afirmaciones. En efecto, es un hecho que TODAS (mayúsculas exprofeso) las unidades son circunstanciales y tácticas. Ninguna dura para siempre. Los ejemplos son tantos que citarlos, abrumaría y aburriría a los lectores.

 

Por lo general, todas las formas de unidad son una apuesta en la que varios lideres aceptan abdicar temporalmente de su liderazgo para lograr un objetivo. A veces, el objetivo se logra y ya no hay necesidad de continuar los acuerdos; a veces las “unidades” se disuelven en el camino, porque aparecen distintas versiones de lograr ese objetivo.

 

El ultimo hito unitario de la política venezolana, lo constituyó el 28J. El sustrato objetivo de ese experimento unitario lo constituyoy, sin duda, la necesidad mayoritaria de salir de un gobierno que, durante 27 años, había destruido el país.

 

La alianza formal, la constituyó la Plataforma Unitaria Democrática que congregó a los partidos opositores y que se concentró en una campaña con la tarjeta de la manito.

Hasta aquí, todo muy formalito y lógico. Pero, no todo esto tan bonito cayó del cielo: Fue el producto de una conjunción de factores del pasado y del presente. Del pasado teníamos la tarjeta, los anteriores esfuerzos unitarios, sus enseñanzas, sus aciertos y sus errores.

 

También un enorme problema de legitimación de esos liderazgos. Estábamos dispersos, abatidos por el final del experimento Guaidó. Cada quien, jalando la brasa para su sardina, hasta que llegaron las primarias y con la elección de MCM, se resolvió ese problema.

 

¿Le gusto a todos los demás lideres este desenlace? Segurísimo que no, pero la gente había hablado claramente y el liderazgo de Machado se convirtió en el pivote de la reconstrucción política y electoral de la oposición. Allí, ocurrió una simbiosis interesante: La PUD agrupo a los partidos, mientras que VENTE, el partido de la candidata, nunca formo parte de ella.

Nunca se levantó su inhabilitación y la incertidumbre de si habría o no elecciones se instaló en el país. Una vez más, sin que nadie se lo propusiera y sin que existieses un pacto formal, todos los que querían un cambio hicieron su trabajo. La comisión opositora que negociaba con el gobierno desde Méjico, Barbados, Oslo, etc, terminó siendo un vinculo virtual e informal con la oposición que estaban en batalla electoral.

 

Los episodios de Corina Yoris y la escogencia de Edmundo González, no fueron decisiones fáciles, pero al final se llego a un acuerdo porque había un liderazgo, que nadie estaba en condiciones de sobrepasar, que fue el de María Corina Machado.

 

Vino la represión, con todas sus consecuencias, y henos aquí que llegamos al insólito 3 de enero. Ese día todo cambió. Los Estados Unidos asumen la tutela del país, pero hoy ha aumentado la incertidumbre nacional sobre el futuro porque el presente, paradójicamente, esta peor en lo social y en lo institucional.

La unidad vuelva a ser una necesidad y las distintas valoraciones y miradas sobre la solución también. Fuera de Barreto y algunos enfermos crónicos de esa residual enfermedad del comunismo, prácticamente están todos contestes en que el liderazgo es el mismo.

 

¿Cuál es la tarea entonces?
Pareciera sencilla: Reconstruir las plataformas que nos llevaron al 28J; aprovechar el disenso y la crisis del chavismo; apoyarse en el principal aliado que son los Estados Unidos; promover iniciativas y alianzas para que la causa venezolana, sea de nuevo una causa bipartidista y no una ocasión para tirarse los trastos a la cabeza; preparar las condiciones para que el regreso de Machado sea el vehículo de la transición en paz y en orden y (quizás, tan importante como todo lo anterior) acercarnos a nuestros compatriotas que hoy sufren los embates de los terremotos; la debacle de los servicios y la precariedad del salario y de todas las condiciones de vida.

 

 

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